EL MÉXICO BARBARO Y LA EPOCA DE ORO DE CORDOBA
 Profr. Vladimir Godoy

 El título que apareció en la portada de la revista de circulación local Magazine
 y que anuncia su artículo principal llama bastante la atención: 1870-1910, la
 época del progreso en Córdoba; ya en el interior de la revista aparece el
 artículo como una reseña histórica titulada La época de oro de Córdoba, firmada
 por los historiadores (¿?)  Fernando Domínguez y Carlos Vergara, éste último es
 además el director de la mencionada revista.
 ¿Qué es lo que llama la atención de todo esto?. Bueno nada más y nada menos que
 es precisamente esa época es la de mayor atraso social en México. Fue la época
 conocida y registrada en la historia nacional como el Porfiriato o Porfirismo.
 Inmediatamente recordé el libro México Bárbaro de John Kenneth Turner, el mismo
 que usaré aquí para demostrar que ni Córdoba ni México tenían un verdadero
 progreso social. Algunos historiadores como Aguilar Camín  y Armando Fuentes
 Aguirre, mejor conocido como Catón, así como otros que no son historiadores pero
 creen serlo tratan de hacer creer a la gente que el Porfiriato fue una etapa de
 progreso sólo porque se construyeron grandes edificios, grandes vías de
 comunicación,  florecieron las bellas artes, el comercio, etc. Pero, ¿qué era
 México durante esa época?. Dejemos que sea el propio Kenneth Turner quien nos lo
 diga.
 “¿Qué es México?” -se preguntaba J. K. T.-.
  “... Descubrí que el verdadero México es un país con una Constitución y leyes
 tan justas en general y democráticas como las nuestras; pero donde ni la
 Constitución ni las leyes se cumplen. México es un país sin libertad política,
 sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema
 judicial, sin partidos políticos, sin ninguna de nuestras queridas garantías
 individuales, sin libertad para conseguir la felicidad. Es una tierra donde
 durante más de una generación no ha habido lucha electoral para ocupar la
 Presidencia; donde el Poder Ejecutivo lo gobierna todo por medio de un ejército
 permanente; donde los puestos políticos se venden a precio fijo: Encontré que
 México  es una tierra donde la gente es pobre porque no tiene derechos; donde el
 peonaje es común para las grandes masas y donde existe esclavitud efectiva para
 cientos de miles de hombres. Finalmente, encontré que el pueblo no adora a su
 Presidente; que la marea de la oposición, hasta ahora contenida y mantenida a
 raya por el ejército y la policía secreta llegará pronto a rebasar este muro de
 contención...”
 Así comenzó a describir a nuestro país este periodista norteamericano allá por
 septiembre de 1908, quien además aclara que “... Cada uno de los hechos
 fundamentales... lo ví con mis propios ojos o lo escuche con mis propios oídos,
 y casi siempre de personas inclinadas a empequeñecer sus propias crueldades...”.
 ¿Porqué recordé este libro ya clásico en la literatura mexicana cuando leí el ya
 citado artículo?.
 Porque en algunos capítulos se menciona a nuestra ciudad de Córdoba y contrastan
 la forma de ver y describir las cosas entre los autores del multicitado artículo
 y el periodista norteamericano.
 De entrada dicen Domínguez y Vergara que “Durante la dictadura de Porfirio Díaz
 las condiciones sociopolíticas imperantes en México permitieron el florecimiento
 de la cultura y el pensamiento, así como el desarrollo urbano.” Sólo que no
 agregaron aquí que a ese florecimiento de la cultura y el pensamiento no tenían
 acceso las clases más marginadas, de las cuales se “... había convertido a los
 trabajadores libres en siervos, peones y  algunos de ellos  hasta en verdaderos
 esclavos.”
 Continúa el artículo diciendo “ Córdoba vivió una de sus mejores épocas en ese
 período, comprendido de 1870 a 1910...”, “ en cuarenta años Córdoba se
 convirtió, de pueblo, en una pequeña ciudad, urbana, cosmopolita, con servicios
 de primera y con casi todos los avances que existían en la época...”
 Veamos qué nos dice J. K. T. al respecto de Córdoba. En el capítulo IV, Los
 esclavos contratados de Valle Nacional,  escribe “Valle  Nacional es, sin duda,
 el peor centro de esclavitud de todo México...”, “-No hay supervivientes de
 Valle Nacional...; no hay verdaderos supervivientes  -me contó un ingeniero del
 Gobierno que está a cargo de algunas mejoras en ciertos puertos-. De vez en
 cuando, sale alguno del Valle y va más allá de El Hule. Con paso torpe y
 mendingando hace el pesado camino hasta Córdoba; pero nunca vuelve a su punto de
 origen...”
 “Valle Nacional se halla a tres horas de viaje de Córdoba y a dos de El Hule...”
 “Supe una historia típica de un enganchador; la conocí en Córdoba, cuando iba
 camino del Valle. Primero me la contó un contratista negro de Nueva Orleáns, que
 había residido en el país unos quince años; luego me la contó el propietario del
 hotel donde me hospedé, y después me la confirmaron varios hacendados tabaqueros
 del Valle. La historia es la siguiente:”
 “Hace cuatro años, Daniel T., un aventurero, llegó sin un centavo a Córdoba.
 Pocos días después tenía dificultades con su casero por no pagar la renta de la
 habitación; pero en pocos días aprendió dos o tres cosas y se dedicó a
 aprovechar lo que sabía. Salió a pasear por las calles y al encontrar un
 campesino le dijo: “¿Quieres ganarte dos reales (veinticinco centavos) con
 facilidad?”
 “Naturalmente la oferta interesó al hombre y después de unos minutos ya estaba
 camino de la habitación del aventurero llevando un “mensaje”, mientras el astuto
 individuo tomaba otra ruta para llegar antes. Esperó al mensajero en la puerta,
 lo agarró del cuello, lo arrastró, lo amordazó y amarró, y lo dejó en el suelo
 mientras iba en busca de un enganchador. Esa misma noche, el aventurero vendió
 su prisionero en veinte pesos, pagó su renta y comenzó a hacer planes para
 repetir la operación en mayor escala.”
 “El incidente sirvió a este hombre para entrar en el negocio de “contratar
 trabajadores”. En unos cuantos meses se había puesto de acuerdo con los jefes
 políticos de la ciudad de México, de Veracruz, de Oaxaca, de Tuxtepec y de
 otros lugares; hoy es el señor Daniel T. Yo ví su casa, una mansión palaciega
 que tiene tres gallos en un escudo sobre la puerta. Usa un sello privado y dicen
 que su fortuna llega a cien mil pesos, todo ello adquirido como “agente de
 empleos”.
 Dicen Domínguez y Vergara que “A la estación de la ciudad llegaban todos los
 días cargamentos de frutas listos para enviarse por ferrocarril a los distintos
 puntos del país.”
 En el capítulo V, llamado En el Valle de la Muerte, J. K. T. Escribe lo
 siguiente: “...al bajar del tren en Córdoba vimos que cruzaba el andén una
 procesión de catorce hombres; dos adelante y dos detrás de la fila, con rifles,
 y los diez restantes con los brazos amarrados a la espalda y las cabezas bajas.
 Algunos  iban andrajosos otros vestían bien y varios llevaban pequeños bultos
 colgados del hombro.”
 “-¡Camino del Valle-murmuré. Mi compañero afirmó con un movimiento de cabeza  y
 pocos momentos después desapareció la procesión; había entrado por una puerta
 estrecha de lado opuesto de la calle, en una caballeriza situada
 estratégicamente para que los desterrados pasaran allí la noche.”
 Ya vemos que efectivamente todos los días llegaban a la ciudad cargamentos, pero
 no de frutas sino de hombres esclavos. Y continúan Domínguez y Vergara “El
 movimiento comercial fue intenso en esa período. El comercio estaba dirigido en
 gran parte por españoles, organizados en la Cámara de comercio.” Efectivamente,
 eran los españoles los que dirigían el comercio, veamos lo que narra J. K. T.
 “Después de la cena me mezclé con la gente que había en los hoteles principales
 de la ciudad, y representé tan bien mi papel de inversionista que conseguí
 cartas de presentación de un rico español para varios esclavistas del Valle.”
 -Lo mejor es que vaya usted a ver al jefe político de Tuxtepec, tan pronto como
 llegue allí ­me aconsejó el español-. Es amigo mío. Muéstrele mi firma y le hará
 pasar sin dificultades.”
 “En Córdoba, un negro contratista de obras que había vivido en México durante 15
 años, me dijo:
 -Los días de la esclavitud no han pasado todavía. No, todavía no han pasado. Ya
 llevo aquí largo tiempo y tengo una pequeña propiedad. Yo se que estoy bastante
 a salvo, pero a veces tengo temores...; sí señor, le aseguro que paso miedo.”
 “A la mañana siguiente, temprano, mientras me vestía, miré por el balcón y ví a
 un hombre que caminaba por mitad de la calle, con una reata amarrada al cuello y
 un jinete que íba detrás de él sujetando el otro extremo de la cuerda.”
 “-¿A dónde llevan a ese hombre? ­le pregunté al sirviente-. ¿Lo van a ahorcar?”
 “-Ah, no. Lo llevan a la cárcel ­me respondió-.es la manera más fácil de
 apoderarse de ellos. En uno o dos días estará en camino de Valle Nacional. Todos
 los individuos a quienes arrestan aquí van a Valle Nacional...todos, menos los
 ricos.”
 “-Quisiera saber si esa cuadrilla que vimos anoche irá en el tren hoy ­me dijo
 mi compañero De Lara, camino de la estación.”
 “No estuvo en duda mucho tiempo. Apenas no hubimos sentado, vimos a los diez
 esclavos y a sus guardianes, los rurales, desfilando hasta el coche de segunda
 clase  que estaba junto al nuestro; tres de los prisioneros iban bien vestidos y
 sus fisonomías denotaban inteligencia poco común; dos de los primeros eran
 muchachos de buen aspecto, menores de veinte años, uno de los cuales rompió a
 llorar cuando el tren se puso en marcha lentamente hacia el temido Valle”. Si
 quise extenderme en los relatos de J. K. T. fue para que los lectores pudieran
 percibir más nítidamente el ambiente que en aquellos años imperaba en la ciudad
 de Córdoba. Yo tengo una pregunta para los señores de Magazine, esa que  llaman
 La época de oro de Córdoba, es por

 que sólo los dueños del dinero no iban a Valle Nacional aún cuando cometieran
 delitos que ameritaban la cárcel, o debe entenderse como la época del oro de los
 esclavos que de aquí salieron hacia el Valle. Cuando mencionan  que “La próspera
 economía también alcanzó a los particulares.” Y que “De los más importantes
 edificios construidos en esa época y que perduran hasta hoy en día” porqué no
 mencionan la mansión palaciega del señor Daniel T. Que por cierto todavía
 “perdura hasta hoy en día”, aunque desde luego con algunos cambios y
 modificaciones.
 Ya para rematar, Fernando Domínguez y Carlos Vergara terminan  diciendo , con un
 aire nostálgico y añorando los viejos tiempos de Don Porfirio, que “Si bien no
 por completo, pero el advenimiento de la Revolución (1910) truncó el progreso de
 Córdoba, y para cuando termino ese turbulento período, la ciudad y su gente eran
 muy distintas.”
 Debemos entender que después del triunfo de la Revolución mexicana la ciudad de
 Córdoba ya no progreso, que se quedó en un atraso económico, social y cultural.
 Que la ciudad y su gente eran muy distintas, pues claro y cómo no serlo si
 comenzó un auténtico progreso social, ya no eran “Las tertulias
 literarias...cada vez más frecuentes dentro de la clase acomodada.” Ni “Los
 pianos obligatorios en cada residencia.” Ahora los trabajadores se comenzaron a
 organizar en sindicatos, las desmanchadoras de café, los inquilinos, los
 campesinos también se organizaban. Porque ahora sí había progreso social.